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Ahora, la reactivación económica

El necesario equilibrio entre cuidar la salud y reactivar el aparato productivo será el principal desafío que enfrentaremos los mexicanos en las próximas semanas. Poco a poco regresaremos a trabajar en los lugares donde ordinariamente lo hacíamos: la oficina, el taller, la fábrica o la escuela. 

Salir del confinamiento forzoso, al tiempo de que es un alivio, va a exigir de nuestra parte cuidados específicos para cada actividad. Mantener la distancia y protección necesarias para realizar nuestro trabajo con seguridad deberá ser una prioridad para trabajadores, empleadores y también para las autoridades que deberán estar vigilantes para que no se incrementen nuevos contagios ni las muertes a causa del Covid–19. 

La desescalada que ha iniciado en los países asiáticos y europeos habrá de servir para que realmente podamos tomar las precauciones necesarias. Somos muy dados a idealizar países como Suiza y observamos sorprendidos cómo ha afectado la pandemia a ese país, que se ha visto obligado a restringir el cruce de sus fronteras y a iniciar la desescalada con excesivos cuidados, porque la realidad así lo exige. 

En el ámbito nacional, el Consejo Coordinador Empresarial ha postulado sus Diez puntos para reactivar la economía frente a la pandemia, que en síntesis presenta las conclusiones más importantes de las 68 propuestas discutidas en la Conferencia Nacional para la Recuperación Económica. El punto más polémico es la recomendación de que el gobierno adquiera deuda pública para “apoyar a las empresas a mantener el empleo y reoriente el gasto público para atender la crisis económica generada por la pandemia de Covid-19 en el país”. 

En circunstancias como las que propició la pandemia, se impone la necesidad de coordinación y sincronización de las políticas y medidas que se plantean desde el gobierno federal, y la forma y celeridad con que deben adecuarse a las necesidades y condiciones de cada entidad. El criterio fundamental ha de ser el cuidado de la salud de la población, pero también el impulso que debe darse a la oferta de bienes y servicios que la población del país necesita. 

Al inicio de la cuarentena el gobernador de Jalisco y el presidente dieron una excelente demostración de lo que no se debe hacer. Si bien es cierto que no había razones para aplazar la suspensión de clases o el inicio del confinamiento, como lo hizo Alfaro, tampoco era necesario que tratara de destacarse frente a las directrices del gobierno federal, que reaccionó con lentitud ante la emergencia, pero que pretendía dictar medidas de escala nacional que requerían de consensos básicos y necesarios para entrar en vigor. 

Luego, gobernador y presidente han tratado de guardar las formas y evitar nuevas confrontaciones, pero a la población poco le importa que Alfaro quiera posicionarse nacionalmente, aprovechando la contingencia, para enfilarse en la carrera presidencial. O que López Obrador quiera sostener su legitimidad, con la parsimonia que le caracteriza, cuando se debe actuar con buen criterio técnico, pero también con celeridad, ante un fenómeno desconocido y difícil de controlar. 

Muchas empresas y trabajadores no podrán reiniciar sus actividades, se perderán empleos e ingresos necesarios para reactivar el consumo de productos y la demanda de servicios. Empresarios y gobernantes deberán estar muy sensibles y atentos a lo que esta fase de reinicio les requiera. Para que actúen con diligencia ante el presente, pero con clara visión de futuro, a fin de no equivocar el rumbo. Todos a fin de cuentas hemos de cerrar filas para construir la nueva normalidad que México requiere, más allá de los intereses específicos que cada sector o grupo persiga. 

jjeosoriog@gmail.com

jl/I