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Optimismo programado

En algún punto de The Picture of Dorian Gray, el fabuloso cínico lord Henry se encuentra charlando con el pintor Basil Hallward sobre la naturaleza humana del protagonista de la novela. 

Tras un breve intercambio, lord Henry se echa a reír y afirma que “la base del optimismo es el terror”. 

Oscar Wilde, uno de los grandes exploradores de la psique, nos argumenta que “la razón de que nos guste pensar bien de los demás es que tenemos miedo a lo que pueda sucedernos (…). Pensamos que somos generosos porque atribuimos a nuestro vecino las virtudes que más pueden beneficiarnos”. 

Esa dualidad se detecta en cada discurso, en cada comunicado oficial, de los gobiernos que nos administran. 

En lo que entiendo como síndrome de optimismo programado, cada cierto tiempo el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro Ramírez, ofrece transmisiones de video en redes sociales. Desde luego que hace meses que dejaron de ser ruedas de prensa donde contrasta sus datos o la realidad con representantes de los medios de comunicación. 

Alfaro percibe que hablar “de frente” a la población se reduce en tomar una cámara y publicar videos. Cuán lejos está ya de apreciar los gustos y disgustos de sus gobernados. 

El lunes convocó a un discurso oficial para dar el dato que los delitos patrimoniales en la Zona Metropolitana de Guadalajara se redujeron 41 por ciento en 2020 con respecto a los registros de 2018. 

En un malabarismo de cifras, jamás se le ocurrió mencionar que esto podría ser parte de los efectos que contrajo el encierro provocado por la pandemia de Covid-19. En pleno síndrome dijo que se debía a la coordinación metropolitana. 

Hasta julio pasado, al menos dos periódicos publicamos que la flamante Policía Metropolitana no tenía avance significativo y que sus 50 elementos, de entrada, estaban encerrados en una torre de marfil que significaba un cuartel ubicado en Periférico Sur. De hecho, apenas desde agosto pasado se autorizó al general Arturo González, titular de esa corporación, a salir a hacer operativos. 

Han pasado los meses entre botones rojos y disminuciones de la actividad pública… y Alfaro no reconoce el contexto. 

En el mismo tono hemos escuchado una y otra vez que tiene bajo control la pandemia. ¿Alguien recuerda ese primer discurso en que mandó a encerrar a la población unos días antes del resto del país, y que con eso tendríamos la seguridad de subsistir del Covid? 

Su optimismo programado, sobre todo de alguien con ese humor tan mercurial, no ha regateado en autoelogios por la forma de conducir la epidemia. Basta contrastarlos con la realidad: hay más 7 mil muertos (terceros a nivel nacional) por Covid-19 y, al menos, 169 mil 783 contagios. Tenemos hoy 17 hospitales de la red IRAG en Jalisco en rojo, es decir, con 70 por ciento de ocupación. 

Según Radar Jalisco apenas pasamos 56.9 por ciento de camas con un paciente del nuevo coronavirus y en estos términos, las notas que se agolpan por falta de lugares para atender a pacientes graves o los reportes de personas que mueren en su casa por el bicho, son, tras el filtro oficial, meros desvaríos. 

“Todo bajo control” nos ha repetido una y otra vez Alfaro y ahora sus palabras son un ruido de fondo, un ruido gris. 

La del estribo la dejo así: a un mes del asesinato de Aristóteles Sandoval, el resultado es: cinco personas imputadas de alterar la escena del crimen (otra más por cohecho). Dos fotos de sendos sospechosos irreconocibles y una recompensa de un millón de pesos para quien “los ubique”. Por lo demás, ni el fiscal o el gobernador han emitido alguna hipótesis o móvil del homicidio y, desde luego, no hay autores intelectuales detenidos. 

Twitter: @cabanillas75

jl/I