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¿Luchar contra los autos?

Cada hora entran a circular en Jalisco cinco autos más. Son 376 vehículos motorizados que cada día se suman al parque vehicular de nuestro estado. Así ha sido, en promedio, durante los últimos 19 años. 

De ellos 64 por ciento circula en la Zona Metropolitana de Guadalajara. Son más de 2 millones y medio los automotores que atiborran cada día las calles de nuestra ciudad. 

De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), entre los años 2000 y 2019 el número de autos en nuestro estado creció 200 por ciento. Pasó de un millón 303 mil 109 vehículos a 3 millones 910 mil 903. 

Es impresionante la manera en que aumenta el número de automóviles esta ciudad, que se vuelve día tras día más caótica y difícil de transitar. 

Frente a esta situación, tanto el gobierno como los activistas buscan desalentar el uso del automóvil. Por supuesto que es necesario hacerlo. El problema es que parten de una premisa incorrecta y moralina. Desde su perspectiva, de lo que se trata es de luchar, y así lo han dicho algunos, contra los automóviles, cuando de lo que se trataría es de impulsar una movilidad mixta que incluya los diversos medios de transporte y un mejor ordenamiento urbano. 

En las visiones polarizadas, simplistas y moralistas que prevalecen en estos tiempos se parte de que el automóvil es “malo” y las bicicletas son “buenas”, lo mismo que sus conductores. 

Las políticas públicas tienen como fundamento la idea de que restringiendo los espacios para los automóviles la gente dejará de utilizarlos. Esto no ocurrirá por sí solo. Se eliminan estacionamientos, se restringen carriles de circulación y se imponen cobros por aparcar en las calles, pero hasta ahora esto no ha funcionado, ni funcionará, porque son medidas aisladas que no van al fondo del problema. 

No funcionará porque la gente necesita moverse, y no hay por ahora mejores ni suficientes maneras de hacerlo. El transporte público es ineficiente e inseguro. Se opera desde una visión de negocio privado y no como un servicio público. Esa sería la primera condición para desalentar el uso de los autos, pero los gobiernos del PRI, del PAN y de Movimiento Ciudadano no han querido o no han podido ordenar a los camioneros. Seguimos viendo las mismas carreras de siempre de los minibuseros por ganar pasaje y hasta cuatro camiones al mismo tiempo en un mismo punto, mientras hay zonas a donde no llegan los autobuses. 

Hay otro problema, mucho más complejo, que es el centralismo en Jalisco. Mientras se continúen centralizando en la capital del estado los empleos y servicios públicos, habrá cada vez más gente en Guadalajara y, por lo tanto, cada vez más autos. Además, el crecimiento urbano se da sin control y sin planeación. Si la gente cada vez vive más lejos de sus centros de trabajo, y si no hay un buen transporte público, quien pueda comprar un auto lo hará. 

El otro problema es la visión maniquea que no alienta una movilidad multimodal. Por ejemplo, realizar una parte del trayecto en auto y la otra en el tren eléctrico, camiones y bicicletas. Esto implicaría, entre otras cosas, habilitar estacionamientos cerca de las principales terminales. 

Hacen falta también campañas educativas para desalentar el uso desmedido de coches y la educación vial para todos. Incluyendo también a los ciclistas, que con mucha frecuencia no respetan a los peatones. 

Establecer políticas públicas a partir de la idea de que el auto es malo y no de que requerimos una movilidad integral, podrá hacer la vida más difícil a los automovilistas, pero no resolverá el problema. 

juanlos@gmail.com

jl/I