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Legislar a favor de la dignidad

La diferencia entre identidad e igualdad me quedó muy clara hace años con la pregunta capciosa que uno de mis profesores de filosofía planteó en alguna ocasión: “¿Qué pesa más, un kilo de algodón o un kilo de clavos?”. Como suele ocurrir, muchos respondimos sin pensar que el kilo de clavos, cuando es claro que pesan exactamente lo mismo. Y en eso consiste la igualdad, el peso de cada conjunto es exactamente el mismo, aunque el volumen que ocupan no sea idéntico. 

De la misma manera, aunque todas las personas somos iguales en dignidad, las circunstancias de cada una son diferentes, y eso implica que en cada caso la sociedad necesita hacer ajustes para que esa igualdad en la dignidad sea real. Actuar de otra manera, obligando a que todas las personas actúen como si su circunstancia fuera la misma, hace que algunas personas terminen viviendo en una desventaja indebida con relación a las otras personas. Como dicen los abogados, es injusto tratar de manera igual a personas en circunstancias diferentes. 

Por eso es tan importante que las autoridades sean muy cuidadosas en cuanto a la forma como tratan a las personas, porque el ejercicio del poder educa, e indica quiénes se merecen un trato respetuoso y quiénes no, de ahí que las leyes sean herramientas muy eficaces para enseñar a la población qué comportamientos son aceptables y cuáles no. 

Ahora bien, la comprensión de lo que nos hace personas, y cuáles son los comportamientos correctos, ha evolucionado e involucionado a lo largo de la historia, dependiendo del grado de aceptación de la diversidad humana por parte la sociedad. Eso, a su vez, ha sido determinante para que en ciertas épocas se reconocieran ciertos derechos a un grupo de personas, y se les negaran a otras. 

Debido a ello, en diversas culturas se consideró durante siglos como enfermas a las personas que no tenían una orientación o comportamiento sexual heterosexual, y eso sirvió como justificación para discriminarlas y torturarlas. Esa idea de que las personas que no se ajustan al patrón de la heterosexualidad están dañadas está tan arraigada que aún hoy existen organizaciones que mediante prácticas de tortura pretenden curarlas o convertirlas. 

Sin embargo, ahora se sabe que lo realmente insano es no respetar la orientación sexual de cada persona, porque después de décadas de discusión, las especialistas dedicados a la salud mental llegaron a la conclusión de que las personas con una orientación lésbica, gay, bisexual, transexual, transgénero o travesti son tan normales y humanas como las heterosexuales, y por eso el 17 de mayo de 1990 la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud decidió retirar esas orientaciones de la lista de las enfermedades mentales, en la que se les había incluido sin ningún fundamento científico. 

Pese a eso, en Jalisco, nuestro Congreso se ha negado a legislar para evitar la discriminación indebida hacia las personas no heterosexuales, y se encuentra en desacato ante el mandato de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que le ordenó corregir el Código Civil de Jalisco, para establecer que el matrimonio es la unión conyugal entre dos personas, sin importar su género, por lo que nuestras leyes no tratan a todas las personas con la misma dignidad. 

De modo que, en los hechos, quienes nos representan en el Congreso se niegan a reconocer que todas las personas somos iguales, aunque nuestra orientación sexual no sea idéntica, y ahora piden nuestro voto para seguir siendo parte del Poder Legislativo. ¿Usted considera adecuado que representen al pueblo quienes no han legislado a favor de la dignidad? 

protagoras_xxi@yahoo.com.mx

Twitter: @albayardo

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