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Agua en cesto se acaba presto

Si un amigo, a quien conoce desde hace muchos años, que es incapaz de administrar bien su dinero, porque más tarda en conseguirlo que en malgastarlo en divertirse y en sus vicios, que por lo mismo tiene muchas deudas, se le acercara y le dijera que ya quiere asentarse, y trae una muy buena idea de negocio, pero que necesita dinero para financiarla, así que le quiere pedir prestado el dinero que usted tiene ahorrado para costear la educación de sus hijos, ¿qué haría?

Pues una situación así es la que se nos presenta en Guadalajara con el tema del agua. Me explico. Guadalajara y su zona conurbada han venido creciendo de manera exagerada, al grado de convertirse en una metrópoli. Esto ha traído muchas oportunidades de desarrollo, pero también ha acarreado muchos problemas, y uno de ellos es la dificultad de proveer de agua a todos sus habitantes, algo que hasta el momento no se ha podido lograr, puesto que aún hay muchas zonas en las que no se cuenta con abasto regular o que incluso se carece del servicio.

Pero, adicionalmente, durante décadas la política pública con relación a ese tema se ha centrado exclusivamente en aumentar la oferta de agua y garantizarla por lo menos para la élite social y para las actividades industriales. Esta situación es de llamar la atención porque ningún político ha planteado seriamente la necesidad de reducir la demanda de agua, algo que resulta muy necesario, tomando en consideración que es muy difícil conseguir agua potable y que lo será cada vez más debido a que por su ubicación es muy probable que en los próximos años nuestra ciudad enfrente una grave escasez, debido a los trastornos que está sufriendo el clima a causa de la actividad humana.

Y no es que se carezca de propuestas. Sin ir más lejos, Óscar Castro, académico del ITESO, ha calculado que, si se sustituyeran todos los excusados del área metropolitana por modelos ahorradores, no necesitaríamos del agua que supuestamente se almacenará en la Presa El Zapotillo. Si a esa medida se le agregaran otras más enfocadas a disminuir el consumo, por ejemplo, aumentando el número de escalones que se tiene en el cobro del consumo de agua, pues actualmente solo hay tres escalones, de manera que se pudiera cobrar cada vez más caro el consumo de agua, que a partir de cierto nivel se puede considerar como un gasto suntuario en el caso del consumo doméstico, tal vez tendríamos aún mayores ahorros.

En fin, propuestas habría muchas, pero la pregunta fundamental sigue presente: ¿por qué no hay propuestas políticas serias orientadas hacia la disminución de la demanda de agua? Y junto con esa habría que plantearnos otras más, como ¿por qué no se está invirtiendo en sanear y reutilizar el agua ya consumida? O ¿por qué no contamos con infraestructura para aprovechar el agua de lluvia? Y, finalmente, ¿por qué es necesario que nuestra metrópoli siga sacrificando a otras poblaciones para que pueda seguir consumiendo y hasta desperdiciando un recurso tan escaso y valioso?

Por cierto, ¿tenemos la certeza de que el agua que se nos provee cumple con los criterios de accesibilidad, asequibilidad, aceptabilidad, adaptabilidad y calidad correspondientes a cualquier bien o servicio público? Porque de ser así, no tendríamos que gastar doble en lo que al consumo de agua se refiere: la de la llave y la de garrafón. Esto lo planteo porque está por discutirse una nueva ley de aguas nacionales y hay que cuidar que no se menoscabe nuestro derecho humano de acceso al agua potable y saneamiento, como lo hacía la propuesta que presentó en 2015 la Comisión Nacional del Agua.

protagoras_xxi@yahoo.com.mx

@albayardo

JJ/I