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El informe que no engañó a nadie

El informe del presidente que era esperado con gran expectativa se desarrolló de forma, paradójicamente, inesperada, en la soledad, sin las audiencias concertadas con las que se han desarrollado sus giras, si bien limitadas de asistentes, pero con público convencido. En este caso, el informe se rindió sin público en el palacio, a pesar de que, en ese mismo momento, se desarrollaba una manifestación, bastante concurrida, de meseros y personal de servicios en hotelería y restaurantes, quienes solicitaban de forma insistente audiencia con las autoridades federales para analizar su incierta situación laboral.

La anécdota es interesante, el presidente queriendo hablar a la población y ésta exigiendo audiencia; se trataba de un asunto particular, la perspectiva que ven los trabajadores respecto de sus trabajos y el futuro los mismos. Los muros y las puertas estaban cerradas, curiosamente, en ambos sentidos. En tanto que el presidente ofrecía un discurso en el que insistía en la honestidad como modelo de organización de la economía, de ahorros obtenidos por el subejercicio fiscal y las medidas anticorrupción que se han puesto en funcionamiento. También señalaba que el modelo de sorteos formaba parte de las estrategias para afrontar la crisis en la que está inmerso el país.

El discurso presidencial apuntalaba con insistencia lo transitorio de la crisis y señalaba con gran confianza, no sustentada en elementos diagnósticos, como se realizó un poco más tarde en la conferencia de prensa del subsecretario Hugo López-Gatell, en la rápida salida de la crisis y el restablecimiento de la estructura de gobierno.

El escenario de la crisis no fue tratado sino como un momento molesto del que, como lo señalaban Bolívar y Juárez, saldremos airosos. Llamó la atención que en ningún momento se hizo algún énfasis técnico que acompañase sus análisis. Hace algunos días enfatizó el presidente que la conducción técnica de la crisis la llevaban a cabo los científicos, sin embargo, esos elementos no aparecieron en la solitaria disertación.

La compleja situación del país parece no articulada en su dimensión global, porque no se dio muestra de que se esté trabajando en ese sentido. Una sola mención para señalar que estamos mejor que en la India no da cuenta de una estrategia o de un marco de referencia para atender la emergencia. El gran reto al que se enfrenta el país, que tiene que ver con una crisis sanitaria y otra económica, fueron temas que pasaron a una segunda parte cuando se mencionó que los proyectos del tren maya, de Dos Bocas y del aeropuerto de Santa Lucía son vigentes y constantes, y ahí va dirigido el proyecto económico de gobierno.

Insistió el presidente en la zona de atención asistencial para 22 millones de beneficiarios, pero no explicó la fórmula económica para sostenerlo. Enfatizó que en los próximos nueve meses se generarán 2 millones de empleos.

La posterior conferencia del subsecretario López-Gatell ahondó en datos de salud, en la profundidad y extensión que tendrá la emergencia y las dificultades que representa enfrentar la Fase 3 de la emergencia. Son aspectos que estaban desvinculados del informe presidencial y se señaló la importancia de establecer medidas para la contención de la pandemia que, desafortunadamente, no se presentaron en el informe.

Resulta interesante una afirmación presidencial de la que se puede ver la veracidad total; indicó que “no engañamos a nadie”. En efecto, no hubo engaño. El presidente ha seguido fielmente las recetas que ha esbozado desde 2006 y no ha cambiado el modelo. Para efectos de ese escenario lo que cambia es que ahora no es campaña, sino gobierno, sin embargo, dentro de la estructura de gobierno mantiene las fórmulas de campaña.

armando.zacarias@csh.udg.mx

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