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Como nunca imaginaste

Muy a su estilo, esta semana, el gobernador Enrique Alfaro, por medio de la plataforma YouTube, anunció la próxima inauguración de Jalisco Paseo Interactivo (Japi) dentro de las instalaciones totalmente renovadas de lo que conocíamos como el Museo Trompo Mágico.

Es una buena noticia. Si estamos de acuerdo en que Guadalajara con 40 museos es deficitaria en ese rubro, por tanto no está nada mal que en la ciudad vayamos a tener otro museo. De hecho, creo que nos hacen falta más porque la nocividad de las plazas comerciales sigue ganando.

Lo que no me agrada de este tipo de noticias son las pretensiones y la grandilocuencia con que se anuncian. Siempre ha sido así, y temo que es sintomático de un cierto síndrome de inferioridad provincial no superado. Parece que se sigue sin aceptar cabalmente lo que somos y de estas maneras se pretende ser superiores a los demás.

Los gobernantes siempre se han fijado como objetivo que esta ciudad sea moderna. Y, por ello, al principio, entendían que Guadalajara fuera grande urbanísticamente y tuviera muchos vehículos automotores. El tranvía les pareció premoderno. Esa modernidad se sigue cumpliendo y, en consecuencia, ahora somos otra ciudad terriblemente contaminada, plena de coches y torres del mayor número de pisos.

Desde siempre, como si fuera una competencia que debe ganarse, el gobernante en turno ha querido inaugurar el edificio más alto, la plaza comercial, la obra pública, lo que sea siempre y cuando se lo más grande de México y de Latinoamérica.

Con palabras actuales, se sigue diciendo lo mismo. De manera presuntuosa Alfaro dice que el Japi, en su tipo, será el mejor y el único de América Latina; que contará con lo último en tecnología, y será de clase mundial y alta gama. Una maravilla, pues, aunque contradiciendo el discurso de la sustentabilidad, todas las instalaciones tendrán aire acondicionado y habría que esperar para ver, arquitectónicamente, qué tipo de identidad refleja.

Como todos los museos actuales que utilizan de manera intensiva la tecnología, se anuncian que, como nunca lo imaginamos, en las salas inmersivas del Japi se podrán tener experiencias sensoriales en las cuales podremos ver y sentir, por ejemplo, las brisas del lago de Chapala o percibir los olores y escuchar los sonidos de nuestros bosques.

Recordando alguna de las muchas películas apocalípticas que abundan en estos tiempos, lo preocupante de estas noticias es que este tipo de museos terminen convertidos, por medio de la tecnología, en las únicas posibilidades que tendrán las próximas generaciones para saber que alguna vez tuvimos una gran biodiversidad que se debió exterminar en aras de seguir siendo modernos.

Pero más allá del Japi, algo es muy cierto. Jalisco es ahora, lamentablemente en varias cuestiones, como nunca imaginamos que podría ser.

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jl/I