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La tentación de eliminar contrapesos

El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente 

Lord Acton 

 

Suponiendo, sin conceder, como dicen algunos abogados, que el presidente López Obrador está actuando de buena fe, y que tiene la voluntad política necesaria para que la gestión de los asuntos públicos a su cargo se lleve a cabo de la manera más adecuada, y que además, todo el personal a su cargo, o por lo menos quienes tienen mayor incidencia en la ejecución de las decisiones, actúa en sintonía con él, y por lo tanto son mínimos los controles internos y externos que requiere el aparato gubernamental federal, y por lo tanto no tenemos nada de qué preocuparnos por lo que resta del sexenio, así que no necesitamos que existan contrapesos de ningún tipo, queda una pregunta: ¿y después? ¿Quién nos asegura que quien lo releve en el cargo tendrá las mismas disposiciones? 

¿Qué tal si el siguiente sexenio, o dentro de dos sexenios, nos gobierna una persona malvada, dispuesta a abusar del inmenso poder presidencial que le heredó López Obrador? Eso sin contar con que existe una alta probabilidad de que algunos de los supuestos que expresé más arriba no se estén cumpliendo en este momento. ¿Entonces? ¿Qué hacemos? ¿Permitiremos que López Obrador nos despoje de las pocas e imperfectas instancias que tenemos para protegernos, y nos quedamos a la intemperie en medio del invierno? No parece ser una buena idea. 

Además, si tomamos en serio el aforismo de lord Acton, es casi seguro que, al suprimir los contrapesos institucionales en el ejercicio del poder presidencial, el propio López Obrador se corrompa, aunque ni él ni sus más fieles seguidores lo consideren posible. Pero supongamos que resiste la tentación, igual que lo hizo Frodo, el personaje de El Señor de los Anillos, reitero la pregunta, ¿y si la persona que sigue cae en la tentación? 

Como podemos ver, el riesgo es demasiado alto, y el resultado puede ser un desastre, independientemente de las intenciones de quienes desean desmontar los pocos contrapesos que trabajosamente hemos puesto para sostener mínimamente nuestro sistema sociopolítico. 

¿Quiere esto decir que nuestras instituciones son perfectas, y que no deben ser tocadas? Por supuesto que no, al contrario, debemos revisarlas, y determinar pronto porque no son benéficas para la mayor parte de la población, la que se encuentra en las peores circunstancias sociopolítico-económicas, y después emprender las reformas necesarias. 

Entiendo que esto que planteo es muy difícil de aceptar para personas que prefieren escuchar a alguien que pretende estar haciendo todo de nuevo, pero lo que se nos está ofreciendo básicamente es volver a los esquemas que ya experimentamos, y que ya probaron ser insuficientes, injustos e inútiles. 

Reconozco que el anhelo de hacer cambios radicales e inmediatos es comprensible después de sufrir décadas de abusos, pero la verdad es que no veo cambios positivos en lo que se nos propone. Lo reitero, lo que ocurrirá, si López Obrador consigue eliminar los pocos contrapesos existentes, es que quedaremos aún más desprotegidos, porque no contaremos con instancias que nos protejan si él abusa de su poder, como ya lo está haciendo con las comunidades indígenas que se han opuesto a sus proyectos. 

¿Qué podemos hacer quienes sí querremos ir mejorando nuestras instituciones? Por lo pronto, presionar a los líderes de Morena en la Cámara de Diputados y en la de Senadores, utilizando las “benditas redes sociales”, que son Ignacio Mier Velazco (@NachoMierV) y Ricardo Monreal Ávila (@RicardoMonrealA), respectivamente, para que, una vez más, paren el despropósito. 

protagoras_xxi@yahoo.com.mx

Twitter: @albayardo

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