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¿Defendemos la democracia o nuestros intereses?

La democracia es un sistema que tiene como eje central evitar la concentración del poder en una o pocas personas para evitar que abusen de él. Por eso, la principal finalidad de los regímenes democráticos es proteger los derechos de las minorías vulnerables frente a los abusos de las mayorías o de quienes tienen más poder.

Cuando olvidamos eso es fácil caer en el engaño de que la democracia se reduce a tomar decisiones en las que la mayoría tiene la última palabra. Y lo reitero, el engaño es creer que a eso se reduce; no es que tomar decisiones a partir de las preferencias de la mayoría esté mal, puesto que es un procedimiento que nos ayuda a llegar a un acuerdo, especialmente cuando no es posible un consenso total, pero la democracia es mucho más que eso.

Y precisamente porque la finalidad de la democracia es proteger a las minorías vulnerables, el reconocimiento de los derechos humanos no puede decidirse por voto mayoritario, puesto que eso solo sería el pretexto para acabar con minorías étnicas, políticas, etcétera, como la historia nos lo ha mostrado. De modo que las instituciones que se construyen desde la democracia deben tener, justamente, la finalidad de proteger los derechos de las personas, especialmente de quienes se encuentran en desventaja. Lo contrario es el autoritarismo.

Al respecto son muy interesantes los resultados de una investigación llevada a cabo por Honorata Mazepus y Dimiter Toshkov (se puede consultar en https://acortar.link/vLzwXl), en la que tratan de explicar qué es lo que motiva a las personas a defender las instituciones democráticas.

Mazepus y Toshkov explican que la democracia es vulnerable a los votantes que eligen líderes con tendencias autocráticas, que una vez que toman posesión del cargo, actúan para acumular poder, eliminando ciertos contrapesos, como la prensa libre o la independencia del Poder Judicial, aunque eso no estuviera dentro de sus propuestas de campaña. (¿Le suena?). Y también explican que mientras más se siente identificado un votante con el líder electo es más probable que apoye esos intentos por eliminar los contrapesos democráticos.

Asimismo, Mazepus y Toshkov encontraron que, quienes votaron en contra del ganador, son quienes más se oponen a la eliminación de los contrapesos, porque reconocen su vulnerabilidad ante los potenciales abusos de poder que podrían derivarse de la eliminación de los contrapesos democráticos, y por eso apoyan la libertad de la oposición y de la prensa para criticar al gobierno, así como como la capacidad del Poder Judicial para limitar las acciones gubernamentales, y por eso apoyan su independencia.

En este punto le propongo hacer un examen de conciencia: ¿estaría usted de acuerdo con la propuesta de hacer una reforma constitucional que limitara lo que puede hacer la Suprema Corte de Justicia de la Nación, si la propuesta la presentara la candidatura de su preferencia? ¿Y si la presentara quien usted no quiere que nos gobierne? Dependiendo de sus respuestas, usted podrá darse cuenta de la profundidad de sus convicciones democráticas.

Por cierto, otro hallazgo de los investigadores es que, independientemente de nuestras preferencias partidistas, si la economía tiene un buen desempeño, entonces es más probable que permitamos que se eliminen los contrapesos democráticos. Esto significa que la democracia siempre está en riesgo y que, si queremos que nuestros derechos humanos estén a salvo, necesitamos profundizar nuestras convicciones democráticas, y defender nuestras instituciones, independientemente de si las circunstancias actuales nos benefician o no.

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