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Moralizar la vida pública

El paternalismo es el mayor despotismo imaginable 

Immanuel Kant 

 

A lo largo de la historia de la humanidad, el adoctrinamiento de la población ha sido una constante. Por siglos, los pueblos se han visto envueltos en luchas de conquista y de imposición religiosa. En vastas regiones del mundo, la mancuerna de la espada y la cruz ha sido la política para conquistar personas y almas. Con el Renacimiento y luego la Ilustración, el pensamiento humano se alejó de la religión para dar paso a la razón y la reflexión plural, pero también a las ideologías (y sus dogmas cuasirreligiosos), que luego caracterizarían el siglo 20 como “grandes tormentas ideológicas” (así como de las revoluciones), a decir de Isaiah Berlin. 

La noción de pluralismo también fue la propuesta de Berlin y de otros autores. John Rawls habla de las “doctrinas comprensivas” que pueden convivir en sociedad, que a pesar de concebir de forma diferente la realidad, pueden llegar a acuerdos con el “consenso traslapado”: una especie de diagrama de Venn, donde todas las doctrinas son las esferas que se sobreponen en el centro, de ahí lo del “consenso traslapado”. 

Con la debida proporción guardada, también puede extrapolarse a la idea de “coto vedado” propuesto por Ernesto Garzón Valdés; esto es, en el acuerdo de cuáles son los derechos fundamentales que, independientemente de las posturas políticas o ideológicas, serán intocables e incluidos en cualquier constitución democrática. Este mandato homogeniza una sociedad caracterizada por su heterogeneidad, su pluralidad y su diversidad. 

A pesar de ello, algunas posiciones ideológicas, políticas y morales se ven tentadas a ser impuestas con diferentes estrategias, armas y maniobras, al resto de la sociedad, y a estigmatizar a quienes no estén de acuerdo con ese ideario. La peor expresión posible (y peligrosa) es una ideología moralizante o una moral ideologizada, y sus derivados, porque ponen en riesgo al “consenso traslapado”. 

En México ha habido intentos de moralizar a sus ciudadanos. Recordemos que Alfonso Reyes fue autor de la Cartilla Moral, redactada en 1944, con la intención de ser un complemento a la campaña de alfabetización emprendida por el entonces secretario de Educación, Jaime Torres Bodet. Dicha cartilla no se publicó entonces porque se pensaba que el texto era un tanto conservador o algo religioso, contrario a un gobierno laico. 

El gobierno de la 4T ha desempolvado la cartilla y pretende distribuirla entre los 8.5 millones de beneficiarios de programas sociales. En ciernes también está la constitución moral que, de lograr una mayoría abrumadora en la Cámara de Diputados en las próximas elecciones, ni duda cabe estará siendo impulsada por Morena. Todo esto enmarcado en una clara pretensión de “moralizar” (adoctrinar) la sociedad mexicana. Para complementar, la publicación de la Guía ética para la transformación de México, del cual se imprimirán 8 millones de ejemplares para distribuir “entre adultos mayores”, con incongruencias en los preceptos enlistados y el actuar gubernamental cotidiano. 

El Estado está obligado a buscar que la ciudadanía adquiera un grado de cultura cívica, para mantener un “equilibrio de disparidades” (Eckstein), condición vital de una democracia estable, siempre que se dé en el marco de una congruencia con los patrones gubernamentales. No un gobierno paternalista que pretende “tratar a los hombres como si no fuesen libres… para que yo, benevolente reformador, los moldee con arreglo a los fines que yo he adoptado libremente”, apunta Berlin. 

iortizb@gmail.com

jl/I