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El último miembro de Members Only

Muchos recordarán las populares chamarras marca Members Only, reconocidas porque las prendas llevan charretera y cinta en el cuello. Daniel Ortega, virtual dictador de Nicaragua, tiene un gusto especial por esas chaquetas (como se puede ver en varias fotos), tal vez porque las charreteras le recuerdan su pasado castrense en el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). 

Próximamente celebrarán en ese país centroamericano 42 años del triunfo de la Revolución sandinista cuando, el 19 de julio de 1979, el FSLN irrumpió en la capital, Managua, y se inició la Revolución sandinista. Es notorio recordar que, en mayo de ese año, cuando el entonces presidente mexicano, José López Portillo, supo de las injusticias y los abusos de Somoza, instruyó al canciller mexicano, Jorge Castañeda, que rompiera relaciones con Nicaragua, dejando de lado la socorrida doctrina Estrada (“libre autodeterminación de los pueblos y de no injerencia en los asuntos internos de otros países”). 

Al triunfo del FSLN, muchos jóvenes idealistas mexicanos integraron Brigadas Simón Bolívar en Nicaragua para ayudar a consolidar la incipiente revolución. Ahora, algunos de ellos perplejos, no atinan a explicar la conducta de su ídolo juvenil de la insurrección nicaragüense: Daniel Ortega (junto con su esposa Rosario Murillo, el poder tras el trono), que llegó al poder por primera vez en 1985, se ha convertido en un verdadero dictador que ha gobernado Nicaragua los últimos 15 años y pretende reelegirse en las próximas elecciones del 7 de noviembre. 

El 21 de diciembre de 2020, la Asamblea Nacional de la República de Nicaragua aprobó la “ley de defensa de los derechos del pueblo a la independencia, la soberanía y autodeterminación para la paz” con un único artículo titulado “Defensa de los derechos del pueblo”. Ahí se establece que quienes –entre otras cosas– “encabecen o financien un golpe de Estado, que alteren el orden constitucional serán declarados traidores a la patria” y por lo tanto “no podrán optar a cargos de elección popular”. A partir de la aplicación de esta ley, Ortega ha enviado a la cárcel a sus principales candidatos opositores. 

Con la aprobación de otras leyes se han restringido las libertades de expresión y de reunión, además de entorpecer la posibilidad de que la OEA participe como observador electoral en los próximos comicios. Aunado a lo anterior, con el impulso de una reforma a la seguridad social de Nicaragua (aumento a las contribuciones patronales y laborales, y la imposición de un impuesto a las pensiones actuales y una disminución a las pensiones futuras), una ola de protestas ha dejado más de 300 protestantes asesinados, más de 2 mil heridos e incontables encarcelados (Human Rights Watch). 

Antes estos acontecimientos, México (fiel a la doctrina Estrada) y Argentina se negaron a firmar una declaración conjunta de 59 países del Consejo de Derechos Humanos de la ONU para condenar la violación a los derechos humanos en el país centroamericano que, entre otras cosas, exhorta a “a cesar el acoso a periodistas” (¿les suena?). 

Junto con el asesinato del presidente de Haití, Jovenel Moïse, y el golpe de Estado en Myanmar, lo que está ocurriendo en Nicaragua es una evidencia más de los movimientos antidemocráticos que se suceden en todas partes del mundo en contraposición a la tercera ola democratizadora. 

Cuando López Portillo recibía a los jóvenes nicaragüenses les preguntaba: “Bueno, muchachos ¿qué necesitan?” Ante la situación actual en ese país, ¿qué imperará en López Obrador ante el último miembro de Members Only: su vocación democrática o su devoción doctrinaria? 

iortizb@gmail.com 

JB