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El modito imperial 

El pasado lunes, en la mañanera, el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) manifestó su desacuerdo con el arreglo entre el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Consejo Mexicano de Negocios (CMN) para una línea de crédito por 12 mil millones de dólares. Acción que AMLO calificó como “el modito”, para manifestar su discrepancia con los empresarios por no tomar en cuenta su parecer. Con esa expresión tan singular mostró todo su enojo y contrariedad por las muestras de independencia del sector empresarial del país, algo inconcebible desde su perspectiva imperial. 

A AMLO se lo olvidó que es el Congreso (ambas cámaras) el que tiene exclusividad de discutir los proyectos sobre empréstitos (Art. 72-H; Art. 73-VIII-1°) y solo prohíbe a los estados contratar dichos préstamos sin que sean aprobados por sus propios congresos locales (Art. 117-VIII), siempre y cuando sean “sobre el crédito de la nación”. Además, olvidó que el acuerdo fue entre un ente internacional (BID) y particulares. La Secretaría de Hacienda (SH) avaló la acción y Marcelo Ebrard tuiteó: “Felicitaciones, muy oportuna iniciativa para proteger nuestra planta productiva y el empleo”. 

La reacción precipitada y encrespada de AMLO no debe extrañar, pues su rechazo tiene que ver con su estilo personal de gobernar: un poder unipersonal a ultranza y la construcción de un hiperpresidencialismo a modo, que no admite más protagonismos que el suyo, salvo dos personajes con los que no puede competir: Marcelo Ebrard y López-Gatell; el primero, por la capacidad y experiencia adquirida en diferentes administraciones gubernamentales y el otro López, por su personalidad y conocimiento oportuno. Fuera de ellos, el resto de los miembros del gabinete presidencial son opacados por el jefe máximo. 

La búsqueda de una presidencia unipersonal, omnipotente y omnipresente se ha visto reflejada en muchas de las decisiones tomadas en estos 17 meses que han trascurrido para cimentar una verdadera presidencia imperial. La designación de Paco Ignacio Taibo II como director del Fondo de Cultura Económica (FCE); a pesar de no cumplir con los requisitos para dirigir la empresa, no importó: se cambió la ley a modo (nada se va a interponer con sus deseos, mucho menos la legislación). 

La designación de nuevos ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) por personas afines a AMLO y la cercanía (“coincidencias ideológicas”) de su presidente, Arturo Saldívar, y algunos miembros del Consejo de la Judicatura Federal (Loretta Ortiz, Verónica de Gyvés y Bernardo Bátiz). Aunque el acabose fue la imposición de Rosario Piedra Ibarra como titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), cercana a AMLO y a Morena. 

Con la reciente iniciativa para que el Ejecutivo modifique el Presupuesto de Egresos de la Federación, facultad exclusiva de la Cámara de Diputados (Art. 74-IV), para afrontar la emergencia por el Covid-19, se arrogaría esa competencia discrecional. Esto a pesar de afirmar que se “está preparado para afrontar la contingencia”; que la recaudación fiscal aumentó 6.6 por ciento en el primer cuatrimestre con respecto al año anterior; del nuevo plan de austeridad para reducir salarios y no pagar aguinaldo a servidores públicos, aun cuando la remuneración es “irrenunciable” (Art. 127): ¿Para qué hacerle ojales a la tela? 

Ese es el “modito” de AMLO: el Estado le ha quedado chico y pretende hacer los ajustes necesarios para acomodar su ambicionada presidencia imperial… por lo pronto, su residencia ya es un palacio. Escuchemos a Muñoz Ledo. 

iortizb@gmail.com

jl/I