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Arranque proselitista en semáforo rojo

Los últimos días, que han coincidido con la visita del presidente a Jalisco, han estado cargados de una serie de señales importantes en las que la clase política se ha comunicado de forma ininterrumpida y abundante.

La visita presidencial a los estados de Guanajuato, Jalisco y Colima, en los que los gobernadores de estas entidades, que no pertenecen a la línea de Morena, se encuentran, como todos, en una franca fase de inicio proselitista en vista de la elección de 2021. Ciertamente, el acuerdo establecido de comenzar el periodo electoral en septiembre próximo, en lugar de julio en razón de la pandemia del Covid-19, marcó en sus primeros momentos condiciones de cierta prudencia, pero al mismo tiempo de desorganización cuando en marzo, que ahora parece muy lejano, se comenzaron a tomar decisiones de prórroga, tanto de las elecciones que corresponden a este año, así como de las concurrentes del año próximo.

Las discrepancias entre el poder federal y los estados se han concentrado de manera particular en el manejo de las políticas a seguir en relación con las estrategias sanitarias de la pandemia, en las que se han establecido tácticas de contención en dos vías, la sanitaria, que remite a la salud en general y, por otra parte, a la economía.

El manejo de las maniobras de enfrentamiento y contención del problema marcó importantes diferencias en la dimensión estatal y federal que hasta el momento siguen sin resolverse. El contenido de las estrategias, definitivamente, se inclina hacia un contenido político y no particularmente sanitario, que todas las autoridades hacen patente con el paso de los días. Un resultado es que, ante la inicial expectativa federal de tener un tope de 5 mil muertes, la realidad rebasó sobradamente la cifra obtenida por los asesores y el equipo médico que conduce el subsecretario Hugo López-Gatell.

La discrepancia de manejo de estrategias de las que Jalisco se desmarcó entre los primeros estados que decidieron establecer medidas de confinamiento antes de la declaratoria federal de esta medida, devino en pugnas de contenido político. La diferencia es que los apoyos presupuestales para salud son federales y ahí el esquema de conflicto se agudizó.

Al margen del problema sanitario, uno que no se ha logrado contener lo constituye el de seguridad, y los tres estados visitados acusan serios y profundos problemas, particularmente con el crimen organizado. En Guanajuato, el Cártel Santa Rosa de Lima con una caótica presencia en el estado. En Jalisco, el Cártel Jalisco Nueva Generación, que incluso luego del atentado al secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, dirigió su atención y amenazas al gobernador del estado y, en Colima, la misma organización presuntamente implicada en el asesinato del juez Uriel Villegar Ortiz y de su esposa, el pasado 16 de junio. Parecería que, como en el caso de salud, son asuntos de los estados y no del gobierno federal.

Por otra parte, los mecanismos de reactivación económica se han generado dentro de una zona de falta de coordinación, sanitaria y económica con logísticas discrepantes. En esta semana en Jalisco iniciamos, federalmente, semáforo rojo, y el estado tiene una perspectiva e indicadores distintos.

Definitivamente, el proselitismo partidista ha comenzado. Respecto de este asunto, el INE es el que define la regulación correspondiente, sin embargo, justamente en esta semana se definirán los cuatro consejeros que sustituirán a ese número de vacantes que procesarán la elección de 2021, evaluados y sancionados por la Cámara de Diputados de mayoría absoluta morenista.

Las discrepancias en las fórmulas políticas, por cierto, dejan de lado un asunto esencial, la ciudadanía y qué papel juega en el tema de seguridad, de economía y de salud.

armando.zacarias@csh.udg.mx