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¿A qué normalidad volver?

Mucho se habla de que luego de superar el punto más alto de los contagios por la pandemia de Covid-19 debemos prepararnos para regresar a la “normalidad”, a la vida que estaba antes de que se pausaran las actividades de la mayor parte de regiones del mundo ante los riesgos del contagio masivo. Esa manera de nombrar al retorno de las actividades económicas, sociales y educativas ha llevado a reflexionar sobre lo que significa volver a la situación que estaba antes de la pandemia y si esa “normalidad” es un ideal deseable para la humanidad. 

En el tema económico-social la pandemia mostró con rudeza el rostro de las desigualdades; para la mayor parte de América Latina la precariedad laboral obliga a la población a vivir en el día a día, sin ahorros previos ni apoyos públicos que le permitan la subsistencia ante una emergencia como la que vivimos; quedarse en casa no les ha sido una opción posible y las personas siguen buscando los medios para subsistir, aunque ello implique poner en riesgo la salud personal y familiar al  mantener sus actividades cotidianas por necesidad. 

Otro aspecto de las desigualdades lo vemos en la decisión de muchos empresarios que se negaron a acatar las disposiciones laborales y sanitarias emitidas por las autoridades, provocando contagios masivos entre los trabajadores. Por ejemplo, lo ocurrido en Bérgamo, al norte de Italia, un polo industrial en el que los dueños obligaban a los obreros a continuar con la producción en las fábricas a pesar del avance de la pandemia; en Estados Unidos con las empacadoras de carne que mantuvieron abiertas las plantas sin las medidas sanitarias para evitar los contagios, y en las maquiladoras de Ciudad Juárez que seguían trabajando a pesar de las evidencias de contagio. 

Con relación a la violencia contra las mujeres, la pandemia agudizó lo que ya sucede en muchos hogares. La Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó a principios de mayo que hubo un incremento generalizado de violencia intrafamiliar por la cuarentena; en el caso particular de México continuaron los feminicidios y abusos sexuales en contra de menores. 

El trabajo doméstico también tiene un rostro femenino durante el aislamiento social, las mujeres que pudieron quedarse a trabajar desde casa aumentaron sus responsabilidades al constituirse en las principales encargadas del cuidado, la limpieza doméstica y el apoyo a sus hijos para la continuidad del ciclo escolar a distancia. Para estas mujeres, el hogar se convierte en una pesada carga. 

La pandemia también ha mostrado uno de los rostros más degradantes del comportamiento violento en que puede caer el ser humano, y es el de la violencia física ejercida contra el personal de salud, el de la agresión en contra de aquellos que su ministerio es el de velar por la vida, incluso la de sus propios agresores. Son acciones no sólo violatorias de las normas que regulan la relación humana, sino actos que tienen graves consecuencias humanitarias por el perjuicio que causan a quienes están en la primera línea de atención a la salud de todas las personas y a sus familias. 

¿Cuál debe ser la normalidad a la que deberíamos volver entonces? Existe urgencia por garantizar la atención de la salud de la manera más óptima posible, implementar las medidas necesarias para la reactivación económica y hacer una gran reflexión desde la academia, las organizaciones sociales, los actores políticos y la ciudadanía sobre cómo encontrar caminos que nos permitan construir una mejor sociedad, solidaria, justa. 

Necesitamos una nueva normalidad sustentada en la distribución equitativa de la riqueza, la sustentabilidad, que reconozca la diversidad humana, que construya una paz transformadora, participativa y que nos lleve al mayor bienestar de la población. 

carmenchinas@gmail.com

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