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Paz transformadora

Tuve la oportunidad de participar en el XI Congreso Latinoamericano de investigación para la Paz, realizado en São Paulo, Brasil, del 18 al 20 de septiembre de 2019, a convocatoria de distintas organizaciones académicas, principalmente del Consejo Latinoamericano de Investigación para la Paz (CLAIP). El trabajo que presenté en la plenaria del Congreso es una reflexión sobre educar para la paz en contextos de violencia, como el que vivimos en México.          

Siguiendo a Galtung, en mi exposición y en el desarrollo de las ponencias se destacó que para construir la paz debemos ser conscientes de que la violencia no es  solo una actitud o comportamiento que se manifiesta en la agresión física, las amenazas, daños, sometimiento físico, sexual, verbal o psicológico, golpes y asesinato de personas en lo individual o en grupos; sino que también es la violencia estructural generada por injusticias del poder como la pobreza, el hambre, el analfabetismo, el racismo, la discriminación, los crímenes de género, los conflictos políticos, ecocidio y demás males sistémicos que aquejan a la sociedad; así como la violencia simbólica, que se expresa en las distintas manifestaciones de la cultura y que justifican tanto la violencia directa como la estructural. 

Que para el caso de México, las violencias se traducen en impunidad, legitimización y normalización de la violencia, en responsabilizar a las víctimas de lo sucedido y todo ello inmoviliza, porque se asume que el estado de cosas no puede ser cambiado. Sobre la educación, desde la UNESCO se afirma que educar para la paz significa erradicar la pobreza e impulsar el desarrollo. Paulo Freire hace un gran aporte a la pedagogía latinoamericana al señalar que el propósito final de la educación es contribuir a la liberación nacional; por su parte, el filósofo mexicano Vicente Lombardo Toledano señaló en su momento que la esencia de la educación es la formación del tipo de persona que habrá de transformar las estructuras sociales en aras del beneficio colectivo. En ese sentido, educar significa formar personas para la paz, el bienestar social, el desarrollo social y la emancipación, de acuerdo con las necesidades de la sociedad humana en un contexto determinado. 

Y desde la educación para la paz México tiene retos que afrontar, como construir una paz positiva y una ciudadanía dispuesta a realizar las transformaciones estructurales en lo político, lo económico y cultural necesarias para el desarrollo democrático, la justicia y el bienestar social; que la educación para la paz debe considerar la realidad compleja, diversa, plural, intercultural; debe trastocar el orden simbólico de la cultura patriarcal; educar para la democracia, entendiéndola como una forma de vida sustentada en el mejoramiento económico, social y cultural del pueblo; desarrollar el pensamiento creativo, crítico, propositivo; una educación humanista que considere la paz como un derecho humano de los pueblos. 

Uno de los aportes más significativos del encuentro entre académicos y estudiantes de diversos países latinoamericanos fue la participación de los jóvenes; muchachas y muchachos que desde su formación académica trabajan en investigación sobre procesos de paz en Colombia, Brasil, México, Argentina, Honduras y se han propuesto consolidar una Red de Jóvenes Constructores de Paz que pueda incidir no solo en el debate teórico y el encuentro generacional sobre visiones de paz, sino en crear una paz transformadora desde los sentires y pensares de las nuevas generaciones de latinoamericanos que han crecido en sociedades marcadas fuertemente por la violencia en sus comunidades y entornos cercanos.

carmenchinas@gmail.com 

da/i