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De empeños y ‘elefantes blancos’

Todos los presidentes de México se han distinguido por intentar pasar a la historia a partir de la construcción de al menos una obra emblemática, por la que pretenden ser recordados. Reducir la pobreza, elevar el nivel educativo de la niñez, mejorar la salud de los mexicanos, combatir la corrupción, si bien es posible medirlos, no son tan tangibles como las obras suntuosas que serán inmortalizadas para las generaciones futuras con placas metálica colocadas y develadas en cada una de ellas. No hay obra construida por el municipio, el estado o la Federación que no lleve el sello del gobernante en turno. 

Es obligado que la construcción sea concluida durante el período de gobierno respectivo para presumirla y alimentar el ego del funcionario ante los ojos de los gobernados. Para lograrlo se recurrirá a todos los medios disponibles para finiquitar la obra, al cabo que la pobreza, la educación, la salud, el empleo o la corrupción nunca cesarán y jamás habrá una placa para ostentar que han sido abatidos. Es impensable e indigno estar obligado a inaugurar una obra iniciada por un gobierno anterior: sería dar crédito a un contrincante (aunque hay excepciones). 

El lunes pasado fue inaugurado el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) no sin antes haber cancelado el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM). Para ello se recurrió al levantamiento de una encuesta, aunque “la colocación de las casillas… más que responder a un criterio poblacional, respondieron a un criterio político en el que predominaron los municipios que ya habían apoyado a AMLO” (https://onx.la/c6337). No había pierde. 

Con la decisión de cesar el NAIM (ya tomada incluso antes de la encuesta), se construyó el AIFA en la base aérea de Santa Lucía en un tiempo récord, tal como lo había solicitado el presidente López Obrador. Si bien el diseño del AIFA estuvo a cargo del arquitecto Francisco González Pulido, éste se desmarcó del resultado final, pues el Agrupamiento de Ingenieros Santa Lucía modificó el proyecto. 

La construcción del AIFA no estuvo exenta de irregularidades detectadas en la Cuenta Pública 2020 por la Auditoría Superior de la Federación (ASF): adjudicación de contratos con sobrecostos, pagos no comprobados y contratos que no cumplen requisitos, entre otros (habrá que esperar al análisis de la cuenta de 2021). ¿Cuál fue el costo real de la construcción del AIFA? Es muy difícil saber pues el gobierno de la 4T no se ha distinguido por ser muy transparente en la rendición de cuentas (recuérdese el decretazo). 

Lo cierto es que por dinero no pararon. El AIFA no conoció de austeridad como en otras dependencias. Se sacó dinero hasta debajo de las piedras para financiar las obras insignes (Dos Bocas y tren maya) y los programas sociales electoreros. Del cierre de los fideicomisos el gobierno obtuvo hasta 300 mil millones de pesos; se desaparecieron organismos y programas de gobierno, entre otras cancelaciones, fundamentadas en la Ley Federal de Austeridad Republicana. 

Para un gobierno señalado como destructor, terminar el AIFA debe ser contrastado con el aumento de la pobreza (55.7 millones de personas en pobreza que no usarán el AIFA); en corrupción: México está ubicado en la posición 124 de 180 países evaluados por Transparencia Internacional; el desabasto de medicinas continúa afectando a la población en general y a los niños con cáncer en especial; y el rezago educativo: cuando se mida, se verá cómo ha avanzado. En fin, gracias a su empeño, el presidente ya tiene su primer elefante blanco (y los que faltan: tren maya y Dos Bocas). 

iortizb@gmail.com

jl/I